Adaptación a P3 y el pañal

¿Respetamos en todos los sentidos los ritmos de las niñas y los niños? ¿Siempre?

Ahora que se acerca la vuelta al colegio, en muchas ocasiones a las madres y a los padres nos surgen muchas dudas y miedos.

¿Cómo será la separación? ¿Cómo irá la adaptación?

Pero una de las cosas que inquietan más a las madres y a los padres en las charlas que hago sobre el control de esfínteres y como acompañar a dejar el pañal, es la de ¿qué pasa si mi hijo o mi hija todavía no está preparado o preparada para dejar el pañal antes de llegar septiembre?

A lo que yo contesto…¡NADA! ¿Qué va a pasar? Si el niño o la niña no está preparado madurativa ni fisiológicamente para dejar el pañal, pues empieza la escuela de P3 con pañal.

Y ahora viene, otro miedo de las familias, que me dicen que muchas de las escuelas, uno de los requisitos es que todos los niños y niñas entren a P3 sin pañal.

Pero… (ahora hablaré de escuelas públicas en Catalunya), ¿qué escuela os prohíbe llevar al niño o niña sin pañal?

En las Orientaciones para el Currículum del segundo ciclo de la Educación Infantil de la actual Ley de Educación, en ninguna ocasión pone semejante idea.

Es más, en este documento se insiste en respetar el ritmo individual de cada niño o niña y además velar por una buena adaptación escolar, donde mamá, papá o adulto de referencia y infante se sientan a gusto y sufran lo menos posible en este proceso de separación, que es normal y natural y que debe ser acompañado con respeto y consciencia y no quitarle importancia, porque la separación de los pequeños y pequeñas con sus progenitores es un momento emocional muy importante para llevar a cabo y que marcará su autoestima y su seguridad emocional en un futuro.

Ahora os dejo con un pequeño texto del pediatra Carlos González de su libro “Bésame mucho” que va un poco ligado a este post y que os quiero compartir:

En muchas separaciones cotidianas se observan efectos similares a los descritos por Bowlby, y tanto madres como profesionales continúan interpretando mal los hechos. Una madre describe cómo reaccionó su hijo ante la separación a la escuela:

Mi hijo empezó la escuela, nunca había ido… El tema es que desde que ha empezado a ir, concretamente desde el segundo día, me está sometiendo a un chantaje emocional descarado. Y eso me está dejando “agotada”. Se despierta alegre, como siempre, desayuna, ve los dibujos de por la mañana y entonces…, hala…, a decir sin parar: “Mami cole no; cole no…”; así se puede estar hasta media hora. Y con cara de pena, claro. De camino a la escuela, bien, hasta que la ve. Ahí si empieza la función teatral: “Mami un paseo, mami guapa, mami cole no, mami un beso,…”, acompañado, eso sí, de lágrimas de cocodrilo y cara de pena… Al cogerle su “seño” es como si le estuvieran matando. Me voy a casa hecha un “asquito”. Me siento mal, me replanteo la situación, pienso si hice bien, pienso que sí, que necesito tiempo para buscar trabajo, que le vendrá bien… (eso todo los días desde el lunes pasado). Bueno, a la una menos cuarto estoy allí ya, pobre, para que no llore más…y ¿qué veo? Está jugando, tan alegre, con los niños. Y sin ojeras, o sea, que no ha llorado apenas. Pero…,cuando me ve…, “mami a casa, mami cole no…”. Otra vez lo mismo, ya sin lágrimas. Entonces la directora me cuenta, muerta de risa, que no ha llorado en toda la mañana, que según me fui se le pasó, que como mucho pregunta por mamá. Es lo mismo cada día. Por las tardes en casa es horrible. Solo quiere estar conmigo, no puedo ir ni al baño sin oírle llamarle y lloriquear. Por la noche, si se despierta y va su padre, dice mamá. Si voy a comprar, tiene que ser con él…

El niño muestra varias reacciones típicas ante la separación: pegarse como una lapa a su madre y exigir atención continua, mostrarse aparentemente tranquilo y colaborador cuando está en la escuela, desmoronarse en cuanto sale de ella… Parece que es precisamente el hecho de que no llore en la escuela lo que convence a la madre de que todo es “cuento”. ¿Qué necesitaría esta madre para comprender que su hijo sufre de verdad? ¿Que llore sin parar todas las horas que está en la escuela? Nadie llora tanto. Ante las mayores desgracias y calamidades, el ser humano llora un rato y luego sigue adelante. La gente no llora todo el rato ni en los funerales, ni en los hospitales, ni en la cárcel, ni en el campo de concentración. El que dejen de llorar, incluso el que “saquen pecho” e intenten soportar con entereza su situación, no significa que hayan dejado de sufrir.

[…] La espectacular reacción del niño nos demuestra, precisamente, que quiere mucho a su madre y que ella le había tratado siempre muy bien. ¡Lástima que la madre no lo sepa!.

Lo trágico del caso es que esta incomprensión puede aumentar el sufrimiento. […] El niño le está explicando a su madre como compensar la separación, cómo sanar la herida: le pide que pase con él toda la tarde, que acuda por la noche cuando él la llama, que le lleve cuando vaya a comprar, que le dé muchos brazos y muchos mimos. La madre podría darle todo esto y sentirse mejor al hacerlo, y la maestra (teóricamente experta en educación infantil) tampoco sabe reconocer los efectos de la separación en un niño de esta edad, y se ha reído del sufrimiento del niño. La madre ha tomado, trágicamente, el camino opuesto: en vez de admitir que su hijo sufre de verdad, en vez de apretarlo contra su corazón y sentir rabia contra el sistema económico que le obliga a buscar trabajo con un niño tan pequeño, está intentando convencerse a sí misma de que el sufrimiento de su hijo es teatro y sus lágrimas de cocodrilo. La madre siente ahora rabia contra su propio hijo, le acusa de practicar el chantaje emocional. ¿Cómo podrán ahora recuperar o compensar lo perdido?

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