Límites respetuosos desde la mirada de la disciplina positiva

1.¿Qué son los límites y para que sirven?

Los límites son necesarios para educar a los niños y guiarles en el camino de la vida, acerca de lo que está bien y lo que está mal. Además, a través de los límites entienden cómo deben comportarse y relacionarse sanamente con otras personas para ser felices.

En contra de lo que muchas personas todavía creen, los límites pueden (y deben) ponerse sin necesidad de recurrir a los premios y castigos, o el chantaje.

Esta es la base de la Disciplina Positiva, que habla de la importancia de poner límites desde la empatía, el respeto y la amabilidad.

La Disciplina Positiva no se basa en criar con límites impuestos por el adulto, sino que se trata de una filosofía educativa basada en la enseñanza profunda y consciente, para que sea el propio niño o niña quien reflexione sobre las consecuencias de sus actos y busque soluciones para reparar el posible daño causado.

Es importante ser pacientes y confiar en los resultados, pues se trata de un trabajo con objetivos a largo plazo.

2. ¿Por qué son necesarios los límites en los niños y niñas?

Los seres humanos vivimos en comunidades, comenzando por nuestro núcleo familiar y extenso, continuando por los grupos educativos o de ocio de los que formamos parte, y terminando por la sociedad en su conjunto.

Para poder convivir en libertad y ejercer nuestros derechos, al tiempo que respetamos la libertad y derechos de los demás, necesitamos normas.

Los niños y niñas no vienen al mundo con las normas aprendidas, por lo que es necesario hacerles entender desde el principio aquellos comportamientos aceptables socialmente y respetuosos con uno mismo o misma y con los demás y aquellos que no lo son, es decir, enseñarles unos límites.

3. ¿CÓMO PONER ESTOS LÍMITES?

1- Poner límites proporcionados y justos

La Disciplina Positiva es una filosofía educativa que no resulta humillante, ni para el niño o niña ni para el adulto. Lo que pretende es que el niño o niña aprenda a actuar bajo su autocontrol, pero para ello es importante poner límites equilibrados y respetuosos para todos.

Por ejemplo: a un niño o niña de 2 años no podemos ponerle muchos límites, tienen que ser pocos y claros, y adecuados para él o ella. Imaginaros un niño o una niña de 2 años que entra en una biblioteca y no puede estar en silencio. No se está comportando mal, simplemente no está preparado o preparada para estar en silencio tanto rato. Así que podemos enseñarle esta norma social, pero poco a poco a su medida. Estar en la biblioteca el ratito que aguante y cuando no pueda más, irnos. Sin enfados, sin castigos, sin hacerle sentir mal. Simplemente nos vamos porque el o ella ha respetado el silencio hasta que ha podido según su nivel madurativo, y cada vez que vayamos podemos intentar aguantar un poquito más.

2- Hacer al niño partícipe de los límites

Si tenemos en cuenta la opinión del niño a la hora de poner ciertos límites, él se sentirá respetado, escuchado y valioso, y esto generará un sentimiento de bienestar que le llevará a aceptarlos de mejor manera.Lógicamente, los padres serán quienes establezcan una pauta coherente, además de tener en cuenta que hay ciertos límites que no son negociables, como los relativos a su seguridad y el respeto a los demás.

3- Actuar con amabilidad, no permisividad

Debemos ir con cuidado si comenzamos a indagar, informarnos y aplicar la Disciplina Positiva, porque muchas veces suele ocurrir que a menudo nos volvemos demasiado permisivos, pues podemos confundir criar con cariño y “amabilidad” con la “sobreprotección excesiva”, evitando que el niño o niña viva una decepción o aprenda a gestionar la frustración.

4- Respeto mutuo

La Disciplina Positiva evita dos cosas: por un lado, caer en el excesivo control adulto y el autoritarismo, y por otro, caer en la permisividad, es decir, dejar al niño hacer lo que quiera. Para ello, los límites deben ser puestos basándose en el respeto, la empatía y la cooperación.

5- Hacer que el niño reflexione acerca de su conducta

A menudo, cuando no sabemos cómo hacer para que los límites que ponemos a nuestros hijos o hijas sean respetados, podemos caer en los premios y castigos, los gritos, el chantaje emocional, la retirada de nuestro cariño, las amenazas…Es decir, somos los adultos quienes queremos controlar la situación a través de nuestras imposiciones, sin permitir que el niño reflexione acerca de su conducta y sus conscuencias.

Debemos saber que tanto los castigos como los premios son perjudiciales a largo plazo para los pequeños que en un futuro serán adultos. A corto plazo parece que suelen funcionar y por eso muchas veces recurrimos a ellos, pero, ¿qué pasa cuando siempre hay castigos o premios delante de sus conductas? Que convertimos a niños o niñas inseguros, con baja autoestima, poco comunicativos, desconfianza hacia el adulto…

6- Involucrar al niño en la búsqueda de una solución

La firmeza que propone la Disciplina Positiva, no está basada en castigar, dar sermones, ni que el adulto asuma el control de la situación, sino en actuar con firmeza y amabilidad para modular el comportamiento o la conducta del niño, haciéndole partícipe de sus actos y consecuencias.

“Normalmente, son los padres quienes deciden los límites a seguir, y quienes los refuerzan continuamente con castigos y sermones. Esto suele provocar la aparición de rebeldía y otras consecuencias negativas”

Así pues, cuando un niño o niña traspasa un límite, antes de castigarlo o darle un sermón en el que el adulto le haga ver lo que ha pasado, podemos hacerle preguntas que le involucren en sus actos y que le ayuden a razonar: ¿qué ha pasado? ¿de qué manera podrías solucionarlo?

A pesar de que el castigo pueda parecernos más efectivo por lo inmediato de su resultado, si el niño es capaz de reflexionar sobre sus actos y colaborar en la solución, comenzará a crear las bases de un comportamiento responsable.

¡Feliz crianza consciente!

Cualquier duda podéis contactar conmigo.

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